906 árboles. Esta es la cifra de ejemplares que la Dirección General de Medio Natural ha autorizado a arrancar dentro del término municipal de El Escorial, -en la finca Prado Nuevo en suelo No Urbanizable Especialmente Protegido- para que la empresa ENAGAS pueda construir un gaseoducto en el tramo Griñón-Alpedrete. El expediente del que se ha tenido noticia cuando las talas empezaban a ser ejecutadas, no puede ser más desolador. Para empezar, se constata que las técnicas utilizadas por empresas y administraciones para que los ciudadanos no podamos siquiera enterarnos de estos proyectos, no pueden ser más eficaces. Esta vez bastó con llamar al proyecto GASEODUCTO SEMIANILLO SUROESTE DE MADRID, y publicarlo en el BOCM en pleno verano -el 25-7-2007-, para que el mismo pasara desapercibido entre los poquísimos vecinos de la zona que renuncian a parte de su tiempo de ocio para realizar la tediosa labor de leer el Boletín Oficial de la Comunidad único medio para detectar muchas de las barbaridades que se perpetran contra nuestro territorio- .
A mayor gloria de quienes intervinieron en la tramitación del proyecto, parece ser que a la compañía ENAGAS no le resultó suficiente la primera autorización concedida por Medio Natural en la que "sólo" se le autorizó a talar 696 árboles y trasplantar 241, y por ello formuló alegaciones a resultas de las cuales, el Sr. Director General de Medio Natural de la Comunidad de Madrid, tuvo la exquisita sensibilidad de solidarizarse con dicha empresa, aumentando los ejemplares a talar a 906 árboles y reduciendo los que había que trasplantar a sólo 2.
Es evidente que muchas de estas infraestructuras son necesarias. Pero lo que no está tan claro es que deba ser precisamente por suelo protegido, declarado Monte Preservado y Territorio Histórico, por donde deban discurrir las mismas. Máxime si se tiene en cuenta que estos arboricidios se perpetran unas veces para instalar conducciones de agua, otras de electricidad, en otras ocasiones para carreteras, pero siempre, de forma inconexa y sin que se hayan planificado unos corredores adecuados que impidan la sangría del patrimonio ambiental y cultural que sólo en una generación estamos provocando.
Ante noticias como esta, algunos nos preguntamos de qué servirán propuestas como la que recientemente se hacía desde la Concejalía de Medio Ambiente de plantar en esta legislatura 5.000 nuevos árboles en el Municipio.
Quizá al final todo se reduzca a seguir dando a la manivela del capitalismo neoliberal que tan ricos está haciendo a unos pocos. Si no se cortaran árboles es posible que el dinero recaudado con nuestros impuestos no tuviera que ser utilizado en que algunas empresas hicieran negocio plantando otros nuevos o replantándolos naturalmente asegurándose antes de la muerte de la mayor parte de los nuevos ejemplares- . Si alguien quiere saber de qué hablo que se de una vuelta por el Centro de Salud para ver las fantasmagóricas encinas todas muertas- que se trasplantaron allí; o por la M 505, donde ya no queda ni uno sólo de los ejemplares que sustituyeron a los fresnos centenarios que se arrancaron en el tramo que discurre enfrente de La Granjilla.
Ello sin contar con las estupendas mejoras que deben experimentar las cuentas de resultados de las empresas encargadas de realizar las infraestructuras de agua, gas, electricidad y carreteras a quienes se les permite entrar a saco en un territorio cada vez más fragmentado, lo que a su vez aprovechan las empresas constructoras y promotoras para urbanizar suelos en zonas cada vez más valiosas. La perfección del sistema no deja de sorprender.
Debe ser que esto del calentamiento global sólo sirve para exigir a los brasileños que no deforesten el Amazonas.
Noticia enviada por Laura Díaz